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Tristán Narvaja y Colonia







Entre tantos libros un poema suelto, uno de palabra.
Sin revestirse en caso de sombra. Irse y  regreso.
Pulir los ojos con la intención de uno mismo.
Temblar y que se nos note.
Esa formación de cristales brotando cual hojas. Todas las figuras que colgamos al sol.
¿Quién nos atraparía sonriendo?
El tipo que sube al autobus a vendernos sus amables objetos: medias, postales, o pequeñas agujas para destapar parsimoniosa-mente  los orificios de las cocinas de gas.

Regreso a tus encharcados ojos de mar.
Ahora estoy acá sin imitar ningún movimiento. Y qué podríamos con certeza conservar.
 No resulta correcto repetir lo que dijiste. Los asombros saben gesticular solos.

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un día de azul

Abrazamos por dentro al sonido del agua. Un susto gesticulado hasta los ojos, de tantos enviados al olvido. Nosotros volviendo con un puñito de arena, explicándonos que un universo nos contiene, y esas partículas entregadas con muchísimo cuidado sin darnos cuenta, lo son todo.
foto: mariana delgado sáenz.

 Miramos un rato
le dí fuerza
 mostró su fragilidad
descubrió la mía

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Cuantos saltos

Cuantos nombres poco articulados a la boca, cuantos latidos por segundo en el corazón  habitado. Entonces recostarse a algo, acurrucarse un poco.  Verse , veme  para verme. Cuantas preguntas. Cuanta travesía muda. Cuanto alcance debajo de los parpados.
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Hasta cual parte del cuerpo habita la esperanza. Cómo mirar bien, cuando todo el asombro lo estrujas a un suspiro.  Los espacios silenciosos están en medio de los cuerpos.




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