23.2.16

Tristán Narvaja y Colonia







Entre tantos libros un poema suelto, uno de palabra.
Sin revestirse en caso de sombra. Irse y  regreso.
Pulir los ojos con la intención de uno mismo.
Temblar y que se nos note.
Esa formación de cristales brotando cual hojas. Todas las figuras que colgamos al sol.
¿Quién nos atraparía sonriendo?
El tipo que sube al autobus a vendernos sus amables objetos: medias, postales, o pequeñas agujas para destapar parsimoniosa-mente  los orificios de las cocinas de gas.

Regreso a tus encharcados ojos de mar.
Ahora estoy acá sin imitar ningún movimiento. Y qué podríamos con certeza conservar.
 No resulta correcto repetir lo que dijiste. Los asombros saben gesticular solos.

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