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Porque sí, de forma inapelable.

Quiero verte a cielo abierto. Estoy acá inventando que te busco.
Es vital volver a dar con sus ojos entre tanto.
La única regla consiste en no disculparse. Se puede aprender a tropezar con gracia.
Creerse el absoluto interlocutor y dar pie sin tempestades.
Quizá haga falta averiguar el nombre de todas las mariposas. Descifrar su trayectoria. Reconocer algún antídoto.

No existen instrucciones para esto .


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foto: mariana delgado sáenz.

 Miramos un rato
le dí fuerza
 mostró su fragilidad
descubrió la mía

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un día de azul

Abrazamos por dentro al sonido del agua. Un susto gesticulado hasta los ojos, de tantos enviados al olvido. Nosotros volviendo con un puñito de arena, explicándonos que un universo nos contiene, y esas partículas entregadas con muchísimo cuidado sin darnos cuenta, lo son todo.

Cuantos saltos

Cuantos nombres poco articulados a la boca, cuantos latidos por segundo en el corazón  habitado. Entonces recostarse a algo, acurrucarse un poco.  Verse , veme  para verme. Cuantas preguntas. Cuanta travesía muda. Cuanto alcance debajo de los parpados.
La plantas han sabido siempre crecer como si nada. Dónde todo importa.
Hasta cual parte del cuerpo habita la esperanza. Cómo mirar bien, cuando todo el asombro lo estrujas a un suspiro.  Los espacios silenciosos están en medio de los cuerpos.




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