18.3.14

Monólogo de una persona sin desesperación.

Ahora que intento hacer memoria,  no recuerdo. Qué pasó conmigo después de ese día.
Cómo salí de aquel  lugar.
Con cuánto descaro cariñoso  pude sonreír-le a esa mujer. Cuándo fue realmente la primera vez que cruzamos mirada.  Comencé a buscarte a deshoras. Y no sé si realmente  fue el corazón quien avisó antes, antes del asombro.  Antes de que yo supiera abrir, y mi boca de sorpresa.  Verte entre tanto, el alma.  Y ahora.
¿Cuál me dijo usted que es el limite entre un querer y otro?  ¿Qué día fue aquel en el que llovía sin tregua?¿Cuantas horas han pasado? ¿Cómo hiciste para olvidarme?
 Aún no me aprendo su nombre.  No existe evidencia de algún roce. Aún hay flores en el jardín. Ella contempla el universo desde afuera. Quién se atreve fantasma. No hay nadie acá.  Y se van incendiando una a una las luces. Tanta fosforescencia entre los ojos. Y nadie cerca.

Hay que volver a creer, como si existiera algún pretexto. O ninguno.
Abrir los ojos y parpadear como si navegáramos. Quitarse un poco de tanta luz ciega. Volver a creer sin escaeces de piel. Como si la invención del mundo fuera cierta, y lo sutil nos atravesara.


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