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agosto

Parte de lo cierto fue el aguacero del naufragio. El que se mezcló con la arena y conmigo. Ese frío que parecia llegar de la luna. Esto que me acompaña.  El mar que me obligó a soltarlo todo.  Violento.
Estando  dentro, buscando algún acertijo cierto. Despertar en días de niebla.  Intentando creer el olvido. Mas no cierto.
Todo ha cambiado de lugar. Ni siquiera los voces de los otros son las mismas.

 Lo querido es un registro a mitad del bosque. Un tacto invisible.  Miento un poco. Ella  había estado ahí antes, un paso atras de mi. ¿Era cierto esto o no?  Conozco más este lugar desde el que escribo. Que cualquier realidad.







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foto: mariana delgado sáenz.

 Miramos un rato
le dí fuerza
 mostró su fragilidad
descubrió la mía

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un día de azul

Abrazamos por dentro al sonido del agua. Un susto gesticulado hasta los ojos, de tantos enviados al olvido. Nosotros volviendo con un puñito de arena, explicándonos que un universo nos contiene, y esas partículas entregadas con muchísimo cuidado sin darnos cuenta, lo son todo.

Cuantos saltos

Cuantos nombres poco articulados a la boca, cuantos latidos por segundo en el corazón  habitado. Entonces recostarse a algo, acurrucarse un poco.  Verse , veme  para verme. Cuantas preguntas. Cuanta travesía muda. Cuanto alcance debajo de los parpados.
La plantas han sabido siempre crecer como si nada. Dónde todo importa.
Hasta cual parte del cuerpo habita la esperanza. Cómo mirar bien, cuando todo el asombro lo estrujas a un suspiro.  Los espacios silenciosos están en medio de los cuerpos.




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