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foto: mariana delgado sáenz.

 Miramos un rato
le dí fuerza
 mostró su fragilidad
descubrió la mía

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un día de azul

Abrazamos por dentro al sonido del agua. Un susto gesticulado hasta los ojos, de tantos enviados al olvido. Nosotros volviendo con un puñito de arena, explicándonos que un universo nos contiene, y esas partículas entregadas con muchísimo cuidado sin darnos cuenta, lo son todo.

magnetismos

Era quizá haber llegado distinto. Necesario como esa sensación creada por el reloj , si lo viésemos dar vuelta en sentido contrario. No se había  roto el tiempo. Lo único que podía comprender era la regularidad con la que los pies tocan el piso. Y saber que ni la tonalidad mas grave implicaría alguna desgracia.

Cuantos saltos

Cuantos nombres poco articulados a la boca, cuantos latidos por segundo en el corazón  habitado. Entonces recostarse a algo, acurrucarse un poco.  Verse , veme  para verme. Cuantas preguntas. Cuanta travesía muda. Cuanto alcance debajo de los parpados.
La plantas han sabido siempre crecer como si nada. Dónde todo importa.
Hasta cual parte del cuerpo habita la esperanza. Cómo mirar bien, cuando todo el asombro lo estrujas a un suspiro.  Los espacios silenciosos están en medio de los cuerpos.




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Nada va hacia atrás.

No todos los rastros deben de ser nuevamente convocados. Hay miradas intactas y en suspiro que después de meses, tendría que aprender a desdibujar. ¿Cuál es la parte adentro en la que guardamos este tipo de inverosimilitudes? Parques en abandono, esas orillas de los no encuentros, parques que no vuelven si no existen los pasos. Y uno con las señales de todos sus barcos. Queriéndose mar.

Tristán Narvaja y Colonia

Entre tantos libros un poema suelto, uno de palabra.
Sin revestirse en caso de sombra. Irse y  regreso.
Pulir los ojos con la intención de uno mismo.
Temblar y que se nos note.
Esa formación de cristales brotando cual hojas. Todas las figuras que colgamos al sol.
¿Quién nos atraparía sonriendo?
El tipo que sube al autobus a vendernos sus amables objetos: medias, postales, o pequeñas agujas para destapar parsimoniosa-mente  los orificios de las cocinas de gas.

Regreso a tus encharcados ojos de mar.
Ahora estoy acá sin imitar ningún movimiento. Y qué podríamos con certeza conservar.
 No resulta correcto repetir lo que dijiste. Los asombros saben gesticular solos.

La poesía es el acto.

Hay un eco en estos ojos, si no dan en vos. El suave remolino  con que se elevan las hojas. Intento remendar  vacío  buscando en dirección al sol. Ahora creo en el vértigo  que tienen las hormigas cuando anochece.
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